*El Quijote, calle West 23

Inaugurado en 1930, El Quijote dice ser el restaurante español más antiguo de Nueva York. Es conocido por su autenticidad tanto como por su variedad gatronómica. Multitud de gente acude a degustar sus mejillones, paella, chuletas, gambas y, por supuesto, sangria. Se considera una localización histórica -no ha sido alterado hace décadas- y ha sobrevivido a la Gran Depresión, la Segunda Guerra Mundial, y otros muchos importantes capítulos negros de la ciudad. Es una rara joya dentro de Nueva York y sin duda permanecerá abierto muchos años.

Entrar en El Quijote es como dar un paso atrás en el tiempo, o mejor aún, como retroceder a la historia de España. Uno no puede evitar fijarse en la gran estatua del Caballero de La Mancha, y recrearse en los antiguos murales de toreros y paisajes pastorales. Las expectativas culinarias se engrandecen por obra del contagio, como si esta romántica decoración pudiera generar comida igualmente deliciosa… ¡lo que en efecto sucede!

El Quijote dice ser el restaurante español más antiguo de Nueva York (celebró su 80º aniversario en 2010), y resulta evidente que estos años de experiencia han favorecido su cocina. La sopa de la casa -un entrante que precede casi todos los platos principales- sitúa los estándares gastronómicos muy arriba desde el primer momento: se parece un poco a un guiso de lentejas (muy típico en España) pero combina judías blancas, espinacas, patatas y pollo. Resulta un primer plato, o entrante, verdaderamente sabroso.

Sin embargo la mayoría de clientes acude para degustar los platos fuertes. Pese a que no son baratos, la calidad y abundancia de la comida hacen que merezca la pena la inversión. El marisco y la paella son las opciones más populares, pero la extensa carta incluye ivariedades de chuletas, pollo y, por supuesto, tapas (porciones menores) para aquellos que no tengan mucha hambre. Sea cual sea la elección -pollo, ternera o cerdo- conviene regarla de Salsa Quijote: aderezada con ajo y hierbas, aporta un sabor delicioso que no es posible encontrar en ningún otro local de la cuidad.

El festín no sería completo sin bedida y postre; hay que probar la sangría cuando se  acude a un restaurante español. Según Lindsay Kuo, una cliente habitual, “la sangría de El Quijote es la mejor que he probado fuera de Madrid. No se exceden con la fruta y el resultado es maravilloso”. Una buena sangría conjuga los sabores amargos con los dulces, lo que despierta en el paladar una experiencia única.

El flan es el postre perfecto de esta velada típicamente española. Se trata de una suave crema de vainilla recubierta de salsa de caramelo. No llena demasiado, por lo que resulta delicioso aún después de cenar abundantemente.

El Quijote es lo más parecido a un auténtico restaurante español que se puede encontrar en Nueva York. Además, la simpatía de sus empleados te hará sentirte como en casa… o en Madrid.

Para acceder a una vista panorámica en 360º del local, pinchar este enlace.

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